En toda ciudad como pueblo o región siempre existe algo que nos marca en nuestra naturaleza y en la forma de ser de cada uno de nosotros. Un lugar común, una región, un país. Así son nuestros entornos que representan en ese día a día, a través de los años, y del tiempo mejor dicho. Si, una ciudad que nos apasiona desde el momento que llegamos por los contrastes que no tienen las otras en las que hemos vivido,Ud. se enamora de los lugares que frecuenta, y que en nada se parecen a los de la ciudad donde nació porque son más complejos, que tan solo pueden ser una parte de ella en comparación a ésta, y que a través del teimpo nos apasiona a pesar de los sinsabores que hemos vivido, ciudad que fuimos conociendo palmo a palmo cuando todavía no existía el Trensmilenio, y también muchos barrios no existían porque parecían lotes baldíos o de engorde, hasta nuestros días, que incluso está cambiando permanentemente, y a veces se hace irreconocible por lo lugares que pasamos hace unos cuantos años. Eso podemos decir de Bogotá. Cuando la conocimos nos deslumbró por las cosas que nos pasó, y después con el tiempo, nos fue delumbrando por sus museos, sus gentes, los lugares adonde ir, por la altisonania de sus rebusdores de calles, por los sitios de interás público adonde fuimos, por sus cafeterías, sus cafés en donde no solo se tomaba el tinto, si no el famoso capuchino que era inevitable consumirlo así fuera una o do veces al día, por los famosas cafeterías ajedrecistas de las cuales fuimos, y conocimos sus visitantes cuando comenzaba el día, o al anochecer que nos reunía para ver los machts entre los particicpantes, y los comentarios de las gentes que iban no solo a dialogar, sino a chismosear sobre el fulano que disputaba con otro, apostando plata con cualquiera de los que allí jugaban, o en algunos de ellos que ibamos no solo a hacer lo que decía, sino a estudiar con algunos compañeros de universidad, y el cual más a hacer sus negocios que entre otros eran de esmeraldas, de la compra venta de bisuterías, o de los prestamistas que allí tenían sus oficinas que sev+ian para entretensión, y para sus negocios. Fuera de los encuentros que tuvimos en el Nutibara aquel viejo cafe donde los que iban eraan periodistas, intelectuales como León de Greift y tantos otros donde Emita y su compañera nos atendía, recordando de paso que esta fue la última que le dio un vaso con agua a Jorge Eliecer Gaitán en sus últimos momentos de vida. Llegamos pues, a una ciudad que conocimos desde niños, con la enfermera que me tuvo en el parto de mi madre, a hacer unos papeles en lass oficinas de uno de los edficios que quedaban en plena Avenida Jiménez y antes de llegar a la Avenida Décima.
Nunca entendí por qué ella mandó a hacer un papel con uno de los tinterrillos, y con este nos fuimos a buscar a mi padre en una de las tantas cacharrerías que existían en su momento, hasta encontrarlo; y allí supe que algo pasaba en mis entornos, y de los cuales salimos a un hospital a que nos atendieran, y nunca supe del mal que tenía. Al siguiente año volveríamos, y ya no tan apresuradamente, a donde vivía una tía hermana de mi papá, la cual había conocido mucho antes, y muy niño. la cual nos acogió muy bien, hasta que con el tiempo seguiría yendo en todas las vacaciones de final de año, y así fui conociendo la ciudad en el centro de esta, descubriendo retaurantes, y cafeterías que con lo años obnubilarían mi existencia con los cines de los teatros, a los que visitaba cada que regresaba a esta ciudad. hasta que casi nos volvimos casi cachacos al llegar a trabajar en una cacharrerías de la once con la familia de este. Serían muchos años, y mucho tiempo el que vivría en esta ciudad conociendo sus recobecos, fuera de los museos como El de Oro de Bogotá, las salas de musica de La Biblioteca Luis AngelArango que todavía estaba en unas casonas de las antiguas, y que luego fue remodelada y construida en parte a como está el día de hoy, y La de Musica de la Biblioteca Nacional, las cuales serían las que me acompañarían el resto de los años que etuve allí, porque a pesar de las muchas actividades que tuve, fuera de la juergas de esos tiempo, siempre tuve tiempo para regresara estas. Así fui conociendo lo lugares importantes dela ciudad en sus comienzos, y cuando menos me di cuenta fui trabajando en todos lo barrios de la ciudad de Sur a Norte, de Oriente a occidente, hasta poder decir que a pesar de los lugares que frecuenté en San Victorino, pues allí coneguía las mercancías que vendía, conocíendo todo lo que abarcaba, incluyendo los demás municipios que se fueron anexando y constituir lo que hoy es Bogotá, y de los cuales he hablado de algunos sitios característicos, porque en general creo que la conozco muy bien, lo mismo que sucedió en otra ciudad como Caracas, Venezuela, en la que viví por algunos años, y de donde regresé por las circunstancias que sucedieron allí, y pesar de todo, siempre he creído que es una de las metropolis más importantes que tenemos en América y en el mundo.
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